Los rusos de Crimea celebran a lo grande el regreso del territorio a Rusia

El júbilo se extendió por las principales ciudades de la península hasta altas horas de la madrugada. Las banderas rusas inundaron todos los espacios públicos para celebrar los resultados oficiosos del referéndum. La alegría rusa contrastaba con la ausencia en los espacios públicos de los ucranianos y los tártaros, etnias que han pasado a segundo plano en un corto espacio de tiempo.

Decenas de miles de personas salieron a las calles de las principales ciudades de la península de Crimea para celebrar que la opción más votada en el referéndum celebrado el domingo fuera la de unirse con Rusia. Dada la mayoría de la población rusa en la región, no había mucha duda sobre cual sería el resultado, pero aun así el júbilo popular fue en aumento según se acercaba el cierre de los colegios electorales.

Si en las jornadas que precedieron al referéndum en las ciudades se observaba una mayoría de banderas de la República de Crimea, al ir avanzando la jornada de votación, la tricolor rusa se hizo omnipresente. Los gritos de “¡Ro-ssi-ya, Ro-ssi-ya!” (¡Ru-sia, Ru-sia!) se repetían cada poco tiempo de manera espontanea. Los ciudadanos se felicitaban los unos a los otros. Muchos se hacían fotos con agentes del orden, especialmente con los Berkut y los cosacos rusos. En esos momentos no había ni rastro de los militares rusos, por lo menos no de uniforme.

En las dos principales ciudades de la península, Simferopol, la capital, y Sevastopol, la principal base de la flota del mar Negro rusa, se celebraron conciertos de varios grupos de música, entre ellos tocó el grupo Lyube, el favorito de Vladimir Putin. Tocaron canciones de su repertorio, muy conocido entre el público ruso, las miles de personas que presenciaban los conciertos fueron entonando los temas a coro uno tras otro. Todo ello con la continua presencia de banderas rusas, unas pocas de Crimea, y hasta alguna soviética. En Simferopol una gran estatua de Lenin observaba inmovible todos los festejos que discurrían a su alrededor, en la principal plaza de la ciudad.

La multitud fue recibiendo con gran ánimo los anuncios que se hacían por los altavoces, como la alta participación o los resultados parciales según se iban contando los votos. Los fuegos artificiales supusieron el colofón a los festejos organizados por las autoridades. Esto no impidió a la gente seguir con las celebraciones por las calles más céntricas. Solo la intensa lluvia que empezó a caer cerca de las dos de la mañana fue empujando a la gente hacia sus casas.

Tártaros y ucranianos
Todos los festejos fueron casi exclusivos de la mayoría rusa de Crimea. Era su fiesta como dejaba clara la proyección de la frase “Nuestro hogar es Rusia” en uno de los edificios de la plaza de Lenin de Simferopol. Los otros dos grandes grupos étnicos de Crimea, los tártaros y los ucranianos no estaban el domingo para fiestas.

Así los tártaros quedan tras la celebración del referéndum en una posición mucho más delicada que la que tenían con el gobierno de Kiev. Si antes las autoridades ucranianas utilizaban a los tártaros de contrapeso a la mayoría rusa, ahora es esta mayoría la que ha tomado firmemente el mando. La participación de los tártaros en el referéndum fue escasa, aunque como se pudo ver sobre el terreno claramente mayor de lo que quiere admitir el Medzhlis (Asamblea Popular tártara), que la cita en apenas un millar de los 185 mil votantes tártaros. Sin embargo, la posición general de los tártaros se resume en la de Eldar de 42 años al ser preguntado sobre su postura ante la consulta, “si tras el referéndum se vive mejor, estaré a favor, si peor, en contra”.

La opción de “mejor” pasa para los tártaros por la rehabilitación política, la cual debería permitirles recuperar parte de las tierras que les fueron arrebatadas cuando en 1944 fueron deportados en masa a Asia central por las autoridades soviéticas por orden de Stalin. Sin embargo, parece difícil que esto pueda suceder en un futuro cercano con unas nuevas autoridades que parece que van a ser sensiblemente menos abiertas a las necesidades del pueblo tártaro de Crimea.

Diferente es la posición de los ucranianos que habitan Crimea. Para ellos la sucesión de hechos, intervención militar, referéndum e independencia de facto de la que consideran su patria ha sido algo ante todo chocante por lo inesperado de ello. Pocos han acudido a depositar su voto, y aun así no todos lo han hecho en el sentido de permanecer en Ucrania. Sin embargo, a pesar de pasar a ser una minoría en un territorio teóricamente ahora extranjero, no parece que ello vaya a suponer grandes dificultades. Ello se debe sobre todo a que son de una cultura muy similar a la rusa y a que la mayoría de los ucranianos de Crimea ya utilizaba el ruso como lengua principal.

Como resume la situación el observador internacional Pedro Mouriño, el referéndum de Crimea cumple todos los estándares internacionales de transparencia, aunque reconoce que lo ha convocado un gobierno cuya legitimidad es dudosa en la misma medida que la legitimidad del gobierno central de Kiev.

 

*Publicado originalmente en GARA (18/03/2014)

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