Ucrania al borde de la ruptura, de la protesta a la guerra civil en menos de un año

Lo que empezó como unas simples protestas estudiantiles se ha convertido en una guerra civil que amenaza con romper para siempre la unidad de uno de los países más grandes de Europa. Nuevos héroes han aparecido en cada uno de los bandos en un enfrentamiento que ha cambiado al país. Las recientes elecciones parece que tampoco van a cambiar la situación a corto plazo.

Pocos podían imaginar en Ucrania el 21 de noviembre de 2013 en que situación se encontraría el país al cabo de unos meses. Ese día un grupo de estudiantes salió a las calles de Kiev para protestar por la política del presidente Viktor Yanukovich. El que era entonces presidente del país, se negó a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea solo unos días antes. Fue el inicio de varios meses de protestas que recorrieron las principales ciudades ucranianas, siendo el epicentro la capital.

No era la primera vez que los ucranianos salían a protestar a la plaza central de Kiev, el Maidán Nezalezhnosti (Plaza de la Independencia en ucraniano). El Maidán ya fue centro de las protestas que llevaron a un cambio de gobierno en 2004, entonces ante un posible fraude electoral las protestas consiguieron la repetición de elecciones. Sin embargo en esta ocasión todo ha ido mucho más lejos que un simple cambio de ejecutivo y celebración de nuevas elecciones.

El gobierno de Viktor Yanukovich cayó finalmente a finales de febrero de este año. La caída se produjo a raíz de la muerte de más de un centenar de personas, varias de ellos policías, por disparos de francotiradores. Tras el tiroteo y temiendo la reacción popular, Yanukovich huye del país. A día de hoy todavía no se sabe quiénes fueron los autores de los disparos, aunque diplomáticos europeos sugirieron que había pruebas que señalaban a la oposición de aquel momento, actualmente parte del ejecutivo.

La muerte de esa cantidad de personas fue un elemento nuevo en las protestas ucranianas, así como la utilización masiva de grupos de extrema derecha, muchos de ellos aficionados ultras de equipos de fútbol. Fueron ellos la punta de lanza de los manifestantes en sus enfrentamientos con las fuerzas del orden. Como se ha visto luego, estos grupos han ido cogiendo fuerza y presencia en la vida política del país.

Es significativo que aunque las protestas empezaron denominándose “Euromaidán”, poco a poco fueron evolucionando hacia simplemente Maidán. La población mas que pedir el acercamiento a la Unión Europea, exigía cambios profundos en todas las estructuras del estado. La oligarquía, la corrupción y la paulatina disminución del nivel de vida eran los motivos principales que motivaban a la gente a salir a la calle. El Maidán era una fuerza popular a la que no podía controlar ninguna fuerza política existente al estar toda la clase política desacreditada ante el ciudadano de a pie.

Al huir Yanukovich, el poder lo cogen precisamente los opositores existentes, los cuales mediante la presión directa y la amenaza física cogen el control de la Rada, el parlamento ucraniano. Hasta ese momento la mayoría en el parlamento la tenía el Partido de las Regiones de Yanukovich. El músculo necesario para intimidar a los diputados lo proporcionaron los grupos de extrema derecha como Svoboda o Pravyi Sektor. Se produce técnicamente un golpe de estado, mediante la fuerza la oposición se hace con el poder en el país, sin embargo, no lo hace gracias al apoyo popular, sino aprovechando la situación de vacío.

Solo una semana tras el cambio de poder, y con un importante desorden reinando en Kiev, se produce la intervención rusa en Crimea. En un tiempo récord y prácticamente sin violencia, Moscú se hace con toda la península del Mar Negro. En dos semanas se organiza y se celebra un referéndum que sirve para legalizar la voluntad popular de unirse a Rusia, voluntad por otro lado real y no condicionada por los soldados rusos. La acción provoca gran sorpresa, tanto por la agresión a la soberanía nacional ucraniana, como por la nula capacidad de respuesta de Kiev ante lo ocurrido.

Las nuevas autoridades de Kiev como única respuesta ofrecieron a la población, sobre todo a los congregados en el Maidán, grandes dosis de promesas populistas antirrusas. Promesas de prohibición de partidos políticos considerados prorrusos, como el Partido de las Regiones o el Comunista (que al final no se han llevado a cabo), prohibición del ruso como idioma estatal en las regiones del este de Ucrania.

Estas medidas, la mayoría de las cuales se quedó en promesa, provocaron nuevas protestas, aunque en este caso en el este del país, principalmente en la región de Donbass, cuya capital es Donetsk, y la segunda ciudad en importancia Lugansk, teniendo salida al mar Negro en el puerto de Mariupol. En otras ciudades con importante población rusófona, como Odessa o Járkov, también se sucedieron protestas y el montaje de campamentos protesta al estilo Maidán de Kiev.

Por extraño que pueda parecer, los protestantes del este del país pedían prácticamente los mismos cambios en el país que las personas que protestaban en Kiev, combatir la corrupción o mejorar el nivel de vida. A ello añadían el respeto al ruso como idioma oficial del estado. La diferencia residía que para lograr los cambios, los ucranianos del este del país miraban a Rusia como referencia, mientras que en Kiev los cambios debían llevarse al mismo tiempo que Ucrania se acerca a la UE.

El razonamiento de la parte económica de las protestas del Donbass era simple, la mayor parte de la industria ucraniana, obsoleta para los estándares occidentales, solo tenía cabida en el marco de la cooperación económica con Rusia. Además si al final Ucrania firmaba el acuerdo de asociación con la UE, Rusia cerraría su mercado a los productos ucranianos. Siendo el Donbass una de las regiones ucranianas más industrializadas y con una gran tradición minera, representa aproximadamente la quinta parte de la producción industrial del país, el impacto de la pérdida del mercado ruso se notaría notablemente en esta región orientada casi exclusivamente hacia el este.

A ello añadimos un nivel de vida más alto al otro lado de la frontera, donde los rusos tienen sueldos mayores, así como unas pensiones más altas. Con buenos ojos se ve en Ucrania, y no solo en el este, el dominio del estado sobre los oligarcas que se ejerce en Rusia. Casos como el de Jodorkovski o el dominio estatal sobre las grandes corporaciones rusas son percibidos en Ucrania como una solución al dominio total de los oligarcas locales.

Los protestantes del Donbass ocuparon a principios de abril las administraciones regionales en Donetsk y Lugansk pidiendo más autonomía respecto a Kiev en la toma de decisiones, así como respeto a la voluntad popular de las regiones en cuanto al uso del idioma. Desde el primer momento estas protestas se percibieron por el gobierno ucraniano como ilegales y promovidas desde Rusia. Aunque a diferencia de Kiev, donde el Maidán fue visitado por políticos europeos y norteamericanos (como la diplomática norteamericana Victoria Nuland repartiendo galletas en las calles de Kiev), en Donetsk o Lugansk no se dejó ver ningún cargo oficial ruso para apoyar directamente o dar instrucciones a los manifestantes.

Oligarcas en acción
Sin embargo no se puede negar que en las protestas de Donbass había, como en Kiev meses antes, más intereses que los que defendía directamente la población en la calle. La región del Donbass era, y hasta la fecha sigue siendo feudo del oligarca Rinat Ajmétov. A él le pertenecen la mayoría de las industrias de la región, así como el club de fútbol Shakhtar (minero en ucraniano). De Donbass también proviene el anterior presidente, Viktor Yanukovich, así como algunos de los altos cargos del que fue su gobierno, como el ministro del interior Zajarchenko o el fiscal general Pshonka.

Con la llegada de un nuevo poder a Kiev Ajmétov empezó a temer por sus empresas. Siendo el hombre más rico del país, y dueño de un importante grupo industrial en un país sumido en una crisis económica, varios ojos se pusieron sobre sus propiedades. Oligarcas como Serguei Taruta o Igor Kolomoiskiy, cercanos al nuevo poder, empezaron a presionar a Ajmétov.

Ajmétov vio una oportunidad de contrarrestar la presión mediante la protesta popular anti-Kiev. Su planteamiento era claro, estando el Donbass en contra de Kiev, Ajmétov se erigía como la única figura capaz de apaciguar los ánimos, pero a cambio de garantías de que no se tocaran sus propiedades. Por ello intentó encabezar y hacer que la protesta siguiera sus ordenes, pero se equivocó en sus cálculos. Los protestantes iban más lejos de lo que esperaba el oligarca, y pronto pusieron sus ojos incluso en el propio Ajmétov y su grupo industrial como blanco de sus críticas.

Ello en parte se debe a que Ajmétov no era la única figura importante interesada en las protestas. Donbass era la región donde más apoyo popular tenía el Partido de las Regiones de Yanukovich, en parte por que muchos de sus altos cargos eran locales. No es de extrañar que estos altos cargos invirtieran el capital que iban amasando en la región. Con su precipitada huída de Kiev, el ex ejecutivo empezó a perder todas sus propiedades por el país, el nuevo gobierno las iba expropiando. Donbass era la última región donde Yanukovich y su clan resistían. Sin protestas, perderían lo último que les quedaba, por ello eran otro elemento que no hacia más que animar e incluso financiar a los protestantes anti-Kiev.

Ni Yanukovich, ni Ajmétov calcularon su poder de influencia en la región de la manera adecuada. Tampoco el hartazgo de la población con las élites políticas y económicas. Por ello cuando el 12 de abril unos hombres armados ocuparon la central de policía de la ciudad de Slavyansk, pocos podían decir quién era el responsable de la operación.

Nuevas figuras
Fue en Slavyansk donde se pudo ver por primera vez de manera pública a una de las figuras más significativas de la revuelta en el Donbass, Igor Strelkov (pseudónimo derivado de la palabra strelok, tirador en ruso). Este ciudadano ruso, cuyo nombre real es Igor Girkin, se ha convertido en una de las figuras más intrigantes y más populares de los primeros meses de enfrentamientos entre los rebeldes y las tropas de Kiev. Se habla incluso que en su Rusia natal su popularidad empieza a codearse con la del mismísimo Vladimir Putin.

Strelkov es un ex coronel del FSB (antiguo KGB), según varias informaciones combatió durante los años noventa en Transnistria, Yugoslavia y Chechenia. De ideología conservadora y monarquista, fue Strelkov quién organizó en los primeros meses a las tropas rebeldes. Fue él quién introdujo la simbología para las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, así como recuperó de los tiempos de los zares el término Novorossiya (Nuevarusia) para referirse al este y sur de la actual Ucrania.

Junto a Strelkov aparecieron otros líderes desconocidos hasta entonces. Uno de ellos es Pavel Gubarev, el actual gobernador popular del Donbass. Gubarev es un activista originario de la región de Lugansk y defensor de la unión con Rusia. Fueron Strelkov, Gubarev y otras personas surgidas de un relativo anonimato público hasta abril quienes organizaron la primera ola de resistencia anti-Kiev.

Para legitimar su voluntad de no seguir a las ordenes de Kiev, las autoridades rebeldes organizaron un referéndum que se celebró en los territorios bajo su control. La votación se realizó el 11 de mayo y los resultados fueron mayoritarios a favor de la independencia de la región de Ucrania. Sin embargo, ni la participación, ni los estándares estaban a la altura del referéndum de Crimea de dos meses antes, por no hablar de unos comicios normales.

El gobierno de Kiev encabezado de manera interina por Oleksandr Turchinov como presidente y Arseniy Yatsenyuk como primer ministro decide intervenir militarmente en la región para parar el proceso secesionista. Se lanza lo que las autoridades denominan Operación Antiterrorista. Para ello se moviliza tanto a las tropas del ministerio del interior, como a las tropas regulares del ejercito, lo cual es una violación de las propias leyes ucranianas, las cuales prohiben la utilización del ejército dentro del país al menos que haya estado de excepción o declaración de guerra.

Los primeros choques entre militares y guerrilleros demostraron el bajo nivel operativo de las fuerzas de Kiev tras muchos años de una financiación insuficiente. La baja moral, la falta de disciplina y motivación para combatir contra la población local hace que al principio varias unidades deserten y entreguen todo su material a los rebeldes al entrar en contacto con ellos. La corrupción también tienen lugar, y como reconocen en privado algunos trabajadores del ministerio de defensa ucraniano, varios oficiales venden a los rebeldes armamento proveniente de almacenes del ejército.

El dinero para comprar este armamento proviene en un primer momento de Rusia, pero no de las autoridades, sino del clan Yanukovich, refugiado a pocos kilómetros de la frontera, en la ciudad rusa de Rostov. Después y una vez que recrudece el conflicto, entra en juego el “voentorg”, ayuda directa rusa en forma de equipamiento, armas, municiones y sobre todo alimento y combustible.

“Voentorg” es el término con el que se llaman en Rusia las tiendas que venden pertrechos militares sobrantes del ejército. Normalmente suelen ser prendas, calzados, palas y otro material no letal. Sin embargo, en el caso del conflicto ucraniano de manera coloquial se ha empezado a llamar así a toda ayuda rusa, tanques y artillería incluida.

El “voentorg” llegó de manera significativa a mediados de agosto, cuando los rebeldes de Novorossiya empezaron a perder terreno ante la superioridad numérica del ejercito ucraniano, que previamente y a raíz de fuertes pérdidas humanas ha tuvo que llevar a cabo tres movilizaciones parciales para poder seguir combatiendo.

Voluntarios
Otra manera de aumentar el número de tropas pro-Kiev ha sido la creación de batallones voluntarios, integrados en unas tropas dependientes del ministerio del Interior ucraniano llamadas Guardia Nacional. Estos batallones se formaron a partir de las centurias voluntarias del Maidán de Kiev, las mismas que llevaron el peso de las revueltas en los meses anteriores. De esta manera el ejecutivo ucraniano aumentaba el número de soldados por un lado, y por otro alejaba elementos radicales y no del todo leales al gobierno de la capital.

Estos batallones, los más famosos de los cuales son Azov, Aydar y Donbass han participado activamente en los combates y han sido blanco de críticas por, hasta la fecha presuntos, crímenes contra la población civil. Aunque la OSCE y otros organismos internacionales ya han señalado que existen pruebas suficientes para empezar a investigar varios casos de asesinatos de civiles. Estas unidades también han cogido fama por la utilización de símbolos nazis. Así el batallón Azov incluso tiene en su escudo el símbolo de la división Das Reich de las tropas de élite de la Alemania nazi, las SS.

En estas unidades voluntarias y con un claro componente ideológico han participado no pocos extranjeros. Muchos de ellos son ciudadanos europeos de ideas de extrema derecha, otros descendientes de ucranianos que han decidido regresar a la patria de sus antepasados a defender lo que ellos consideran la unidad nacional.

En el lado de Novorossiya hay así mismo un importante número de voluntarios, aunque el grueso de la tropa sigue siendo local. Estos voluntarios son en su mayoría son personas provenientes del espacio de la ex URSS. Hay rusos nacionalistas, hay gente de varias nacionalidades del Cáucaso que se han unido, ya sea por una buena paga o por la idea de ayudar a conseguir la independencia, a las fuerzas rebeldes. Entre los voluntarios rusos hay no pocos soldados o ex soldados, lo cual pone en cuestión la participación voluntaria o no de esas personas. Sin embargo, hasta la fecha, a pesar de numerosos rumores, no se ha demostrado que esos elementos sean parte de tropas regulares rusas. Por otro lado, tampoco se han confirmado por ahora los rumores que indicaban que había mercenarios norteamericanos de compañías de seguridad privadas en el bando ucraniano.

Propaganda
Es precisamente la propaganda y los rumores lo que invade el espacio informativo cuando se habla del conflicto de Ucrania. No ha habido crónicas del frente que dieran en ningún momento un panorama real y creíble de lo que sucedía. Toda la información siempre ha ido llegando con los hechos ya consumados.

Así tras un inicio de los combates poco prometedor, las tropas ucranianas fueron haciendo valer su superioridad numérica y consiguieron ir tomando con gran esfuerzo los primeros municipios rebeldes. Mientras que la opinión pública ucraniana era informada de que era cuestión de pocos días el conseguir la victoria final, las tropas ucranianas sufrieron varios cercos que aniquilaron casi por completo tres brigadas de su ejercito. Cuando la noticia se hizo pública, provocó manifestaciones de los familiares de los militares.

La presión ucraniana se fue haciendo cada vez más intensa, y a mediados de agosto las tropas leales a Kiev estaban a pocos kilómetros de cercar definitivamente Donetsk y conseguir así una situación cercana a la victoria final. Los rebeldes con la ayuda del “voentorg” volvió a sorprender a las tropas de Kiev y todo el frente sur cayó abriendo una brecha que ha llevado a las tropas de Novorossiya prácticamente hasta Mariupol, importante centro industrial y puerto de salida al Mar Negro. Ante esa amenaza Kiev vuelve urgentemente a la mesa de las negociaciones y se firma en Minsk el alto el fuego vigente hasta ahora.

Las recientes elecciones parlamentarias, tanto en Ucrania, como en Novorossiya, no han hecho más que asentar las clases dirigentes de ambos lados sin demasiados cambios. Ello hace que la posición de cada bando sea la misma, con el mismo poco entendimiento con el contrario.

Es dudoso que el conflicto se quede en la situación actual y ambas partes intentarán aumentar su territorio a costa del enemigo. Lo que ya sí se ve es que Novorossiya se ha ganado con las armas, y ayuda exterior, su derecho a existir. Ahora Kiev tiene la papeleta de negociar el estatus concreto de esos territorios y la amenaza constante de que otras regiones como Járkov u Odessa no se rebelen en contra de la idea nacional promovida desde la capital de Ucrania.

 

*Publicado originalmente en ZAZPIKA (11/2014)

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