Ucrania necesita capital extranjero para financiar su integración euroatlántica

El servicio de aduanas ucraniano refleja en sus últimos informes el deterioro de la economía ucraniana. La influencia rusa disminuye, pero sigue siendo importante en la economía del país.

En el último año Ucrania ha visto disminuir drásticamente los ingresos del estado. Ello se debe fundamentalmente a todos los procesos que ha experimentado el país en solo doce meses. Golpe de estado y cambio de gobierno, pérdida de facto de parte de su territorio por la intervención rusa en Crimea, y ahora una guerra civil en el este del país en el territorio del Donbass. Todo ello ha afectado gravemente a la economía nacional, la cual tampoco vivía sus mejores momentos dentro de la coyuntura de la crisis económica global.

El servicio de aduanas ucraniano es uno de los pocos elementos que hasta la fecha ha sabido mantener la parte que le corresponde en las arcas del estado, y ello a base de un gran esfuerzo. En concreto este servicio le proporciona a Ucrania una tercera parte de todos los ingresos, sin embargo, los datos de este último año muestran una tendencia que invita al pesimismo.

La comparativa entre octubre de 2013 y el mismo mes de este año refleja una caída del 34,6% del volumen del comercio exterior. La exportación ha caído un 25% mientras que la importación un 42%. El actual dirigente del servicio de aduanas es Anatolii Makarenko, y fue así mismo quien encabezaba el servicio en el peor momento de la crisis financiera en 2009. La actual situación la califica como “más difícil y con menos perspectivas de mejora a corto plazo”.

Para Makarenko si continua la actual tendencia y no llegan inyecciones de capital extranjero, el país puede dejar atrás su estatus industrial y pasar a ser una nación agrícola. Fundamentalmente ello se debe más a la propia industria ucraniana que a la coyuntura mundial. El atraso y la falta de inversiones para modernizar la industria en los últimos años hacen que “el producto ucraniano simplemente no puede competir con los productos europeos debido a la gran distancia que se encuentra en cuestiones de calidad”.

Al ritmo actual harán falta no menos de veinte o incluso quizás más años para que Ucrania llegue a los estándares de la Unión Europea según Makarenko. El ingreso en la UE y la OTAN es lo que pretende desde luego el gobierno del presidente Poroshenko, aunque a un ritmo más veloz. Rostislav Pavlenko es asesor de Poroshenko, y opina que existen ejemplos como los de Polonia o la República Checa, “si estos países lo consiguieron, Ucrania también puede”. Para conseguir estos objetivos, Pavlenko habla de racionalizar recursos y quitar el componente lastre de la burocracia. “En Ucrania tenemos 22 impuestos distintos, en los países occidentales existen 9 o 10. Nuestro ideal es llegar a tener unos 7 u 8” comenta Pavlenko.

Surge la duda de como de realistas son todos estos planes, sobre todo teniendo en cuenta las estrechas relaciones de le economía ucraniana con Rusia. Anatolii Makarenko aporta los datos de aduanas para mostrar que la relación con Rusia es importante, pero en los últimos meses va disminuyendo. Así Moscú sigue siendo el socio principal de Kiev si hablamos de naciones únicas, con el 23% de volumen de bienes que pasan por aduanas, a ello se le podría añadir un 8% correspondiente a los países de la CEI (las repúblicas ex soviéticas menos los países Bálticos). Sin embargo, como bloque el mayor socio según los datos de las aduanas ucranianas es la Unión Europea con un 35%.

Por ello, el ejecutivo ucraniano mira hacia Occidente en busca de ayuda. De otra manera tendrá muy difícil salir de manera real de la influencia de la economía rusa. Economía que a pesar de todo, sigue muy presente en Ucrania. Grandes empresas rusas no se han marchado de Ucrania a pesar de todos los problemas existentes entre los dos países. La banca rusa, en muchos casos a través de sus filiales ucranianas, ha concedido créditos a entidades y personas por valor de 20 mil millones de euros. A ello hay que añadir la compra de deuda estatal ucraniana por parte del estado ruso.

Estas cifras muestran la estrecha relación que existe entre los dos países a pesar de todo. El divorcio, dejando a un lado el conflicto bélico del Donbass, le supondría un duro golpe financiero a Kiev. La voluntad ucraniana de integración euroatlántica se espera que sea ahora respondida desde occidente con financiación.

Además se espera que el capital empiece a llegar pronto, ya que Ucrania puede sufrir el eco de las sanciones occidentales contra Rusia. Si Moscú empieza a buscar fondos adicionales para tapar los agujeros en su presupuesto causados por las sanciones y el precio bajo del petróleo, no seria de extrañar que uno de los primeros afectados de la retirada de capital seria precisamente Ucrania.

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