La extrema derecha pierde fuerza tras meses de protagonismo en Ucrania

Representantes de esta vertiente política han estado en la punta de la lanza de los sucesos que han convulsionado el país en los últimos meses. Han ocupado un gran espacio mediático, por ello sorprende que ahora se queden casi fuera de la vida política. Sin embargo, ni su poder antes, ni su desaparición de la escena política ahora corresponden exactamente a la realidad.

Unos pocos diputados es todo lo que ha conseguido la extrema derecha en las elecciones parlamentarias celebradas recientemente en Ucrania. Como lista de partido no han conseguido entrar en la Rada (Parlamento) ni Svoboda ni otras formaciones como el mediático Pravy Sektor. Los representantes que sí han conseguido entrar, lo han hecho como candidatos independientes por distrito, una peculiaridad del sistema electoral ucraniano.

Sorprende, en un principio, que la extrema derecha haya obtenido unos resultados tan escasos después de que haya ocupado un importante espacio en los medios de comunicación que informábamos sobre los sucesos ocurridos en Ucrania en los últimos meses. Fueron estos movimientos los que pusieron a las fuerzas de choque que se enfrentaron a la policía mientras todavía estaba Yanukovich en el poder. Una vez huido el ex presidente amedrentaron a la mayoría parlamentaria para que los partidos opositores tomaran el poder.

Cuando empezó el conflicto en la región del Donbass, en el este del país, la extrema derecha formó varios batallones voluntarios para ir a combatir ahí. Esto también les ha dado popularidad, aunque no siempre positiva dentro de la propia Ucrania, debido a sus crímenes contra la población y su escasa disciplina. Aunque su presencia en los campos de batalla ha sido utilizada muy extensamente para tachar a todo el nuevo gobierno de Kiev de neonazi. Tanto Rusia y sus simpatizantes, como la izquierda internacional, han utilizado en su propia propaganda las instantáneas de esos batallones y sus insignias, de clara inspiración, cuando no copia, nazi.

El debate ha estado servido desde el inicio, desde la primera aparición de esos grupos todavía en el Maidán, y se ha intensificado con su participación en el campo de batalla. Por un lado están los que los tachan de patriotas defensores de los valores europeos. Por otro, los que los consideran unos violentos que amenazan con devolver a Europa a tiempos oscuros del pasado. La realidad muestra que son mucho menos idealistas y más materialistas.

Que la extrema derecha ucraniana no es tan ideológicamente sólida como se piensa señalan varios factores. Lo primero es su evolución social, lo segundo sus contactos con otros elementos, especialmente los oligarcas y la clase política. Y lo que pone en relieve su realidad es su esencia delictiva actual y pasada, y sobre todo los resultados electorales analizados debidamente.

Los resultados han mostrado que la sociedad ucraniana no apoya a la extrema derecha de forma significativa. Svoboda, obtuvo en 2012 en las anteriores elecciones parlamentarias un total de 37 parlamentarios, 25 por un 10% de votos a su lista, y 12 diputados más por distritos electorales. En estos comicios ha sacado solo 6 diputados, todos por distritos. Los resultados de Pravy Sektor (Sector Derecho – conjunto de organizaciones nacionalistas de derechas) han sido del 1,8%, y tendrán un único diputado, su líder Dmitro Yarosh, quien no ha ido por listas del partido, sino que para asegurar por un distrito poco concurrido de su zona local de Dniepropetrovsk.

Al mejor postor

Si tan escaso es su apoyo, surge la duda de como han tenido tanto protagonismo hasta ahora. Para obtener la respuesta hay que remontar al origen de estos movimientos en los años 90 y principios de los 2000. Es entonces cuando grupos bastante marginales de extrema derecha se empiezan a integrar en el mundo del fútbol, lo cual les da organización y notariedad. Estos cabezas rapadas se hacen fuertes en prácticamente todos los clubs de fútbol ucranianos. El equipo más titulado del país, el Dinamo Kiev, es el mayor exponente de esta tendencia. Precisamente ahí es donde empieza a destacar como líder Andriy Biletskiy, neonazi convencido, comandante del batallón Azov y nuevo diputado del parlamento.

Gracias a su organización y predisposición hacia la violencia los hinchas del Dinamo, al igual que los de otros equipos, empezaron a ser utilizados por el mejor postor como grupo criminal. Palizas y presión a hombres de negocio, sabotaje a fábricas y cualquier otro encargo en el que hiciera falta la fuerza bruta. Por ello no es de extrañar que aparecieran como “seguridad” al rededor del Maidán cuando empezaron los disturbios en Kiev. Ahí llevaron parte importante del pesos de los enfrentamientos con la policía. Queda la duda de quién financiaba su participación ahí, ya que ideología pro europea estos grupos tienen poca.

Recientemente ese tema de la financiación queda algo más claro al saberse que los batallones voluntarios son financiados por oligarcas. Así, el considerado uno de los más radicales, el Azov de Biletskiy, está financiado por el oligarca de origen judío Igor Kolomoiskiy. Vemos que a unos, teóricamente, neonazis no les importa recibir dinero de una persona judía. Por su lado, un oligarca al que no le importa financiar un batallón que utiliza simbólica de una división de la SS de la Segunda Guerra Mundial. Contradicciones propias de la política ucraniana, donde el dinero importa más que la ideología.

Svoboda y sus grupos de ataque también estuvieron en el Maidán, y fueron compensados con varios ministerios en el gobierno golpista que siguió a la huída de Yanukovich. Sin embargo, los casos de corrupción y su escasa habilidad una vez en el poder, les han perjudicado en el oeste del país, zona donde tenían su núcleo de votantes. Pravy Sektor no ha llegado ni a esos niveles. Esta unión de derechas ha formado varios batallones que combaten en el este del país. Se ha demostrado que no tienen un apoyo significativo, a pesar de haber formado parte importante de la propaganda que acusaba de fascismo y nazismo al gobierno actual de Kiev.

El partido Radical de Oleg Lyashko no se puede considerar puramente de derechas, ya que es populismo en estado puro. Se le augura poco futuro e importancia en la vida política ucraniana a menos que sufra una evolución en el futuro.

Con estos resultados tampoco seria correcto decir que la extrema derecha queda fuera de la vida política ucraniana. Los comandantes de batallones como Biletskiy o Yarosh, así como varios diputados más, conocidos por sus tendencias de derechas repartidos por diferentes partidos, sí están en la Rada. Su presencia es un premio a los líderes de las fuerzas de calle que hicieron posible la caída del anterior gobierno. Ahora estas fuerzas además están armadas como batallones. Por ello, siguen presentes en la vida política y pueden activarse en caso de que sea necesario (como ha ocurrido en Járkov u Odessa en los últimos meses), pero al ser sus líderes ahora parte del sistema, es de presuponer que deberían ser más controlables que antes.

La extrema derecha en Ucrania no es una fuerza bien organizada y omnipresente como la pintan desde Rusia y las fuerzas de izquierda internacionales. Es más bien un grupo criminal, con alguna referencia ideológica que puede perderse según los intereses económicos del momento.

No obstante, el propio presidente Poroshenko ha mostrado su preocupación recientemente por la existencia de los batallones voluntarios. Opina que son un elemento de potencial inestabilidad estatal. Sobre todo por que estos batallones son más cercanos al ministerio del interior ucraniano, ahora encabezado por Avakov, quien es a su vez una figura del equipo del primer ministro Yatsenyuk, principal rival político de Poroshenko.

Volvemos a ver la misma situación, estas fuerzas teóricamente de extrema derecha son utilizadas en los juegos de poder. No tienen un apoyo real que les de posibilidades de gobernar, por ello solo reciben el premio del parlamento sus líderes. Es la manera que tiene la clase política ucraniana de intentar controlar a estos elementos. Se premia al “centurión” que debe controlar a sus hombres.

Mientras sea el capital e interés financiero quien dirija los destinos de Ucrania, es difícil que estos grupos sean independientes. Su realidad ideológica es escasa a día de hoy, a pesar de toda la simbología y alguna declaración puntual.

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